Excalibur

La unión del antiguo patriarca con el viejo maestro, destapa un acontecimiento importante en la vida de cierto herrero tibetano.


¿El culpable? El destino ayudado, sin querer, por el extravagante guardián del cuarto templo.

EXCALIBUR (PARTE I)

De todas las reuniones clandestinas realizadas en tiempos de paz, era la primera vez que sentía cierta ansiedad. Y es que, ambos seres a los que amaba y respetaba como padres, iban a enlazarse en santo matrimonio.


La misma Diosa oficiará la ceremonia y la unión, y no sería meramente física, aunque ese detalle, era estrictamente confidencial y exclusivo para los más allegados.


Kiki quiso asegurarse de no perderse el acto aunque, debido a su edad, fue obligado a retirarse pronto junto al resto de los menores.


En la enorme mesa, ya sólo quedaban los santos dorados y alguna que otra amazona. Casi en frente suyo, Aioria acomodaba a Marín sobre su regazo. La mirada que se echaron ambos estaba tan cargada de afecto, que por un microsegundo sonrió. Se llevó la copa a la boca y bebió con avidez el contenido.


La tristeza le obligó a ese acto tan mundano y rastrero. Rastrero porque bajo los efectos del alcohol, no ocurre nada bueno. Se le escapó una risilla avergonzada, recordando las primeras veces y como olvidaba el manejo de los objetos que danzaban incesantes en su entorno. Suerte que, fueron apetitcomité, allá en la torre y siempre, mientras Kiki dormía.


Suspiró y buscó la copa más cercana. Dio un pequeño sorbo y aunque percibió cierto sabor distinto, supuso era producto de su imaginación.

Fue entrando la más oscura noche cuando ya nadie quedaba acomodado en sillas y recogido la zona para convertirla en una zona de baile. ¿Quién le iba a decir a él que su maestro y Dhoko se movían tan sensualmente? Bueno, era su momento, mejor no entrometerse.


Su cabeza estaba un poco cargada y su cuerpo parecía arder. Retiró la bufanda de su cuerpo y abanico su rostro con las manos mientras se preguntaba en qué momento había perdido el control sobre el alcohol.


Sin embargo, el calor creciente de su cuerpo y esa sensación de pesadez no eran productos que acompañarán a las 4 escasas copas dechampagneque había ingerido. No. Algo no andaba bien.


Se acercó hasta sus maestros, que ahora se encontraban un tanto pegajosos en un rincón de la estancia y se disculpó por su pronta retirada. Pudo ver la preocupación en los ojos de Shion mas prefirió ignorar ese echo y aparentar que todo estaba bien, más allá de un mero cansancio.


Pero no era así, a penas salió de la casa de libra, sintió tal pesadez que acabó sentado en las gradas que descendían a aries. Cerró los ojos y se llevó las manos a la cabeza.


No. No estaba bien.


Estaba fuera del templo - pensó - no estaba prohibida la telequinesia en el espacio abierto entre ellos. A leer entre líneas de las reglas, lo había aprendido cuando era un crío y tenía que esquivar los castigos impuestos por Shion. Se obligó a levantarse - cosa que hizo con suma lentitud, nada propia en él - y se transportó frente al que pensaba era su templo.


El calor comenzaba a ser demasiado fuerte. Tanto que hasta respirar lo sentía pesado. Caminó hasta la parte privada del templo y se dirigió hasta la habitación principal mientras retiraba la parte superior de su cuerpo.


Gimió ante el leve roce de la prenda sobre su cuerpo. ¿Había tomado algo más a parte del alcohol propio de la bebida espumosa? Su mente estaba demasiado ocupada en tratar de ignorar las señales que emitía - ya a gritos - su cuerpo. Lo más que suplicaba es que Kiki no despertara hasta bien entrada la madrugada porque sabía que lo que vendría a continuación, no era algo digno de un santo como el hacía ver.


En cuanto entró ensusaposentos, gimió ante la imagen. Shura se encontraba recostado en la cama, libro en mano y esos anteojos que tan sexy le hacían ver. Su cuerpo se estremeció tanto ante la imagen que notó que su entrepierna comenzaba a endurecerse con avidez.


Dejó caer las prendas que llevaba en la mano y trepó sobre la cama hasta llegar a acomodarse sobre el español - que le miraba con esa expresión tan sería de niño responsable y bueno - retirar el libro y dar un casto beso a éste.


- Sólo mirarte y ya me tienes duro - jadeó al percibir el aroma a jabón del español y comenzó a besar su cuello y seguir por el hombro en dirección al sur.


- ¿Mü? - el caballero de capricornio separó al tibetano de su cuerpo tomándolo por los hombros - ¿Estás bien?


- Más que bien - retiró las manos del mayor y comenzó a jugar con la parte superior de las prendas de Shura, quería desnudarlo y así lo haría - Estoy cachondo - regresó a su quehacer hasta dejar expuesto el pecho de su camarada. Tomó aire y se mordió el labio inferior - ¡Joder! Cada día son más buenas estas proyecciones.


Sus manos delinearon el torso ajeno pero no sé detuvieron ahí, bajaron hasta llegar al elástico del pantalón. Se levantó del regazo del español y retiró las prendas de éste para dejarlo expuesto a su merced. Delineó cada detalle del miembro de su camarada mientras notaba más dura su entrepierna. Retiró las suyas también y comenzó a jugar con el prepucio moreno.


- El la primera vez que proyecto pelo aquí - habló para sí puesto que Shura no era más que su imaginación, como tantas otras noches. Sonrió con lascivia y miró al español antes de llevarse el miembro a la boca - Me gusta.


Creyó escuchar una réplica a lo que estaba haciendo pero seguía con la mente tan cargada y el cuerpo tan caliente, que optó por omitir cualquier queja. Al fin y al cabo, estaba jugando con su propia proyección mental.


En cierto momento, cuando sintió que el mismo llegaría al orgasmo, dejó la felación y se enfocó en los ojos ajenos, gruñido de antemano.


- ¿Porqué estás tan pasivo? - volvió a gruñir - dame duro, como siempre. - se posicionó de nuevo sobre las caderas del mayor y bebió de sus labios, dejando un pequeño y suave mordisco en éstos - Empotrame con tu Excalibur, Shura.


No sabría decir que fue más rápido, si el acto de hablar o la forma en la que todo tomó forma.


El mayor tomó a Mü por las caderas para voltear posiciones. Le obligó a ponerse en cuatro y con un ímpetu inusitado, agarró el cabello del menor e hizo que quedara de rodillas para susurrar a la altura de su oído.


- Procura no suplicar clemencia, porque no la tendré.


Aquello provocó tal escalofrío de placer en Mü, que pensó que ahí mismo se correría. Se mordió el labio y jadeó ante la intromisión del mayor en su trasero. Rudo, directo, sin contemplaciones.


- ¡Por Buda! - abrió los ojos y se obligó a sujetarse del cuello del mayor. Y aunque era un poco difícil desde su posición, el agarre de Shura ayudaba bastante. Y ese miembro viril... Comenzó a creer que el alcohol había mejorado enormemente sus proyecciones mentales - No pares - suplicó con notable calentón en la voz - Sabes que no me voy a romper.


- ¿Estás seguro? - la pregunta no fue un ruego sino una declaración de intenciones directa y concisa. Shura le iba a dar hasta más allá del alba y eso... Aún quedaba lejos.


Mierda.


La retirada y nueva estocada provocó cierto escozor en su retaguardia pero no protestaría porque en cuanto rozó su punto, sintió que se deshacía en brazos del español. Jadeó y gritó su nombre y como respuesta, recibió una nueva estocada: más profunda y rápida.

Se estaba volviendo loco; tanto que, de forma incontrolable, acabó derramándose sobre las sábanas blancas.


La risa del mayor provocó un nuevo espasmo involuntario. Volteó lo justo para mirarle a los ojos y vio cierto brillo en ellos. Un brillo que no estaba ahí en sus proyecciones.


- Mi Excalibur - habló el español, reafirmando el agarre en las caderas del tibetano; mordió el lóbulo de la pulcra oreja y susurró guturalmente en ésta - da para mucho más.


Lo que siguió fue una nueva oleada de movimientos, a cada cual más violento y duro. Mü perdió la cuenta de las veces que había alcanzado el orgasmo pero su cuerpo seguía caliente en cada roce. Y Shura... Debía admitir que ni en sus sueños más húmedos había conseguido tal perfección. La proyección aumentada por el alcohol era tan perfecta, que hasta notó los espasmos del miembro ajeno en su culo y escocia, ¡Joder si el semen escocia!


Para cuando el alba les alcanzó, tocaban el séptimo y quinto orgasmo. Se dejaron caer sobre las sábanas sin importar ensuciar sus cuerpos un poco más.


Mü cerró los ojos mientras se acomodaba de espaldas a Shura, aunque con los cuerpos aún pegados. La respiración entrecortada de ambos y las marcas en ambos cuerpos eran ya notorias.


- Lo peor de las proyecciones... - susurró Mü sintiendo que el sueño le vencía - es despertar y no tenerte.


Un par de lágrimas escaparon traicioneras a la par que entraba en el mundo de Morfeo.


Shura sonrió complacido. Besó la cabeza del menor y se encargó de acomodar la sábana sobre ambos. Abrazó de mejor manera a su camarada y cerró los ojos. Tan sólo esperaba que cuando Mü se diera cuenta, no huyera despavorido.


EXCALIBUR (PARTE II)

El brillo del sol sobre sus ojos era molesto. Gimió y se dispuso a voltear el cuerpo en dirección contraria. El dolor incesante en la cadera provocó un nuevo gemido. ¿Se había dado algún golpe de camino al templo?


Se obligó a abrir los ojos tras bostezar y suspiró. Tal y como ocurría siempre, sus proyecciones habían desaparecido y él, estaba solo en la cama. Aunque debía admitir que el olor a sexo y sudor estaban impregnados en su cuerpo.


Bostezó ampliamente. Lo mejor sería comenzar el día con un buen aseo diario. Los ojos aún los sentía pesados por lo que procedió a hacerlo con estos cerrados. No era Shaka pero en su habitación había un pequeño aseo, a tan solo unos metros; era un acto tan rutinario que cualquier humano podría hacerlo sin problemas. Se acomodó en el borde la cama y procedió a levantarse, fallando estrepitosamente.


— ¿Qué...? – la pregunta quedó sumergida en su garganta. ¿Porque le dolía el trasero y la parte baja de la cadera? ¿Porque... Escocía?


Sus piernas habían fallado y se encontraba desnudo, de rodillas, con el culo sobre sus muslos traseros y las manos apoyadas en el cálido suelo. ¿Cálido? Miró bajo de su cuerpo y encontró una alfombra rojiza con detalles en amarillo crudo. ¿Desde cuándo él tenía una alfombra en su habitación?


¡Por Buda! ¿Dónde estaba? Alzó la mirada y encontró un libro en la pequeña mesita. Su mente obró con tanta rapidez que quiso huir de ahí. ¿Qué coño hacia en el templo de Shura?


Trató de incorporarse pero las piernas le fallaron. Y justo cuando pensó que iba a dar de bruces contra el suelo, unos brazos fuertes detuvieron la caída.


— Lo lamento – No. No. No. No. No y mil veces no. Esa voz era la de Shura – No debí ser tan brusco.


¿No debió? ¡Por todos los astros, dioses y lo que fuera que existiera, que quería desaparecer! Se obligó a serenarse y volteó aún sin poder mirar al español a los ojos.


A lo hecho, pecho, ¿no? pero ¿qué había hecho? Porque con claridad no lo sabía por mucho que pudiera intuirlo.


— Buenos días Shura – trato de recobrar la poca dignidad que quedara de él – En cuanto recoja mis pertenencias, me retiraré a... – «al fin del mundo» pensó - a mi templo.


El agarre sobre su cuerpo se hizo más profundo. Sentía tanta vergüenza que sus mejillas y orejas no podían estar más rojas. Sin embargo, la risa clara del español, provocó que el tibetano buscara la mirada ajena.


— No voy a dejar que te vayas ahora, Mü – soltó el agarre y se sentó sobre la cama, sin dejar de mirar al tibetano, que se quedó plantado mirando al español con cierta expectativa – Te cuelas en mi templo, me haces una mamada sin esperar confirmación por mi parte, me pides que te empotre con mi Excalibur – en ese momento, los ojos de Mü se abrieron al máximo; una nueva oleada se apoderó de su rostro y sintió la obligación de taparlo con ambas manos, ¿qué había hecho? – y pretendes marcharte sin darme una explicación.


Shura se estaba divirtiendo de lo lindo, aunque su rostro aún seguia mirando con seriedad al menor, debia admitir que estaba notando cierto cosquilleo por todo su cuerpo. Y es que el contraste del Mü desatado con ese tan vergonzoso, le hacía sentir ganas de provocarlo más.


— Aunque – el mayor se cruzó de brazos pero no aguantó y se le escapó la sonrisa – debo admitir que me alegra ser mejor que tus proyecciones.


— ¡Ay, no! – se quejó Mü, tratando de procesar – ¡Debía estar en aries! – estaba desubicado, descentrado y terriblemente avergonzado – ¿Cómo no me di cuenta?


— Al menos la fiesta fue bien, ¿no?


¿La fiesta? Ahí debió ser pero seguía sin comprender. Y como siempre cuando dudaba de sí mismo, pensó en voz alta.


— Ahí debió ser pero ¿qué tomé? – negó para sí aún con la mirada enfocada en la alfombra – cuatro copas no producen ese efecto. ¿en qué momento...? – cerró los ojos y los puños, realmente frustrado – !lo lamento, Shura! – al fin se obligó a mirar al mayor – no volverá a ocurrir.


— Una lástima — habló el español, levantándose y acortando todo espacio con el tibetano – ya tengo a Excalibur pulida para ti.


— ¡Shura! – pura vergüenza sentía en ese momento, tanta que quisohuirde la cercanía del mayor pero el malestar en su parte trasera fue mayor. – ¿Porqué duele? – de nuevo habló para sí y rebuscó con la mirada en su propia retaguardia.


Al ser la primera vez que llegaba tan lejos, no comprendía. Sin embargo, y mientras se perdía en sus cábalas, Shura acortó todo espacio, rodeo su cuerpo entre sus brazos y le insto a mirarle.


— Soy yo quien lo lamenta. Debí contenerme pero eran demasiadas las ganas de poseerte, Mü.


Frunció el ceño y quiso protestar pero los labios de Shura detuvieron hasta el mínimo de sus pensamientos. Cerró los ojos y respondió con la misma suavidad y afecto.


El beso fue duradero, lo justo para calmar los nervios y así, poder confesar esos sentimientos que ambos se guardaban desde hacía tiempo.


______


Horas atrás, Afrodita se aproximaba al caballero de cáncer, apoyaba a la espalda sobre el pequeño pilar en donde estaba su amigo y susurraba para él.


— ¿Y mi copa, Death?


— ¿Tu copa? – alzó una ceja el italiano y miró de arriba a abajo a su camarada – Sólo había para dos. Sí te la tomaste, te esperas a que haga efecto, fiore.


— No seas imbécil – se quejó el sueco. Odiaba que le llamara de esa forma y el maldito italiano lo sabía. Le dio un golpe en el brazo – ¿Te parece que me la he bebido?


El italiano frunció el ceño. El le había dado la copa a su pareja, entonces, ¿qué le andaba reprochando? Negó.


— Te la di, Afrodita – habló molesto – La deje en tu sitio de la mesa.


Afrodita abrió los ojos en demasía. ¿Como podía ser tan jodidamente despistado su pareja? Se cruzó de brazos y le miró de mala gana.


— ¿En dónde, Deathmask? – indagó sin dejar de buscar su mirada – ¿Donde dejaste un copa llena de afrodisíaco?


El italiano boqueó y comenzó a jugar con la parte trasera de su cabeza. Después, atinó a apuntar hacia un lugar concreto de la mesa. Afrodita volteó la mirada justo para encontrarse con quién estaba degustando la bebida especial de ambos.


— ¿En serio? – preguntó ahora incrédulo – ¡Como se entere el Patriarca estamos muertos!


— No pasará nada – se disculpó aún sin creer siquiera en sus palabras – ¡Es Mü! ¿Qué puede pasar? Es el santo de los santos.


— Considérate muerto porque si algo pasa y Shura se entera, desearas el castigo del patriarca.


El cuarto guardian tragó grueso y es que, su amigo llevaba colgado por el borrego desde que tenía uso de razón. Se acabó la bebida de un trago.


— Mejor vámonos, que estoy entrando en calor.


Ambos abandonaron el lugar. Sí pasaba algo con el borrego, no querían saberlo. A veces, es mejor ser ignorante.


EXCALIBUR (INICIO)

Le importaba un comino que Athena les hubiera dado una nueva vida. Él seguía erre que erre con la iluminación y la dichosa meditación. Pues bien, no iba a andar de súplicas, si Shaka no quería entrenar con él, lo haría solo.


Con paso ligero por el mismo enojo, se encaminó al coliseo. Sin embargo, sus pasos se iban haciendo más lentos. Sin Shaka para entrenar, el único con capacidades mentales a su altura era Saga y ni de lejos se iba a acercar al mayor. Se detuvo en la misma entrada al coliseo y resopló.


Entrenar sólo era algo que había estado haciendo toda su vida y ahora, que volvían a la vida y en temporada de paz, creyó inútilmente que encontraría disponible hacerlo con alguien.


Pero ya era tarde.


El sol amenazaba con salir y sino empleaba la soledad del recinto entonces, luego resultaría imposible con el algarabío de los nuevos aprendices. Tomó aire y se dispuso a entrenar en soledad.


Aunque, en cuánto se posicionó en el centro del recinto, se le escapó un pequeño bufido. Levantar piedras a esas alturas de su vida lo consideraba inútil; crear un muro de cristal, ¿para defenderse de qué? ¿Del aire inexistente de Grecia? ¡Maldito Shaka y su maldita manía de alcanzar un nirvana al que no iba a llegar en ésta vida! Cerró los puños y volvió a centrarse.


Bien, esa idea sería útil. Se sentó en posición de loto y se elevó en el aire, cerró los ojos y comenzó a profundizar en su entorno.


A sus pies, el arisco suelo comenzó a cambiar a un verde prado hermoso, dando paso a enormes y frondosos árboles. Los pájaros pronto hicieron nido en éstos y el cantar hermoso de su especie comenzó a inundar el lugar.


Forzó un poco más y consiguió que la brisa meciera su cabello. A los pies de dos de los árboles, unas ardillas correteaban felices en busca de nueces y entre la espesura, un poco más oculto, un riachuelo cobraba vida llenándose de peces y aplacando la sed de un pequeño cervatillo indefenso.


Tomó aire y se sorprendió pues pudo percibir el aroma a pino y a tomillo en el pequeño espacio que había creado. Lejos quedaban ya esas imágenes burdas de esqueletos allá en Jamir. Esto... Esto estaba mil veces mejor.


Lejos de querer romper su concentración, se centró en el cervatillo. Quería ser él y ver el bosque así como lo haría el indefenso animal.

Notó la humedad del césped bajo sus pezuñas, el frescor del agua recorrer su cuerpo. Su oreja izquierda se movió y alzó el rostro para posar la vista en el extraño que había invadido su hogar.


Un par de conejos corrieron despavoridos pero él quería saber quién era, sentía curiosidad por el ser recién llegado.


~~~~~


¿Qué coño? Su frente se frunció en cuanto puso un pie en el coliseo.


Volteó sobre sí mismo, negó y volvió la vista enfrente. Efectivamente, aquello era el edificio que conocía como el coliseo. Sin embargo, aquello era de locos, había un bosque, con bichos y riachuelo y todo eso.


Se mantuvo en guardia mientras se adentraba en la espesura, aunque no pudo percibir ningún cosmos, ni bueno, ni malo. Como si aquel paraje hubiera estado ahí siempre.


Bueno, no parecía una amenaza. Soltó el aire para relajarse un tanto y se acomodó bajo la sombra de uno de los árboles cercanos; sacó sus lentes, se las colocó y abrió el libro por donde lo había dejado: página 20.


Amaba la literatura, hasta el punto de saber a ciencia cierta que si fuera un civil más, se habría aplicado hasta convertirse en profesor. Sin embargo, esa obra de Miguel Delibes... Bueno, digamos que le estaba costando digerirla.


Página 25.


¿En serio? No había conseguido centrarse ni en uno sólo de esos párrafos descriptivos. Maldijo en español y regresó a la página 20, que en realidad, era el comienzo del libro en sí.


Página 25, de nuevo.


- Y a este le consideran genio - cerró el libro justo para encontrarse de frente con un ciervo.


¿Un ciervo? Sí, se retiró las lentes, observó mejor al bicho y comprobó que así era.


- ¿Y tú, de dónde sales? - el animal movió la cabeza, no parecía haber entendido nada - Obvio, del bosque, ¿no?


Rascó su coronilla y bufó. ¿Había echado Afrodita algo en su café? A esas alturas, lo creyó posible porque éste, desdeel regresose había dedicado a jugar con plantas y sus flores como si fuera un mago en busca de pociones. Negó de nuevo y guardó sus gafas.


Sin embargo, lejos de alejarse, el cervatillo se había acercado más y él, en un descuido - por andar sumergido en sus pensamientos - le había proporcionado un golpe en la cabeza al animal.


- ¡Auch!


De pronto, la imagen del bosque despareció. En medio del coliseo - de nuevo rocoso y abandonado - Mü se acariciaba el trasero y la cabeza al mismo tiempo.


~~~~~


El golpe no se lo vio venir. Tanto así, que en cuanto lo recibió, el dolor provocado, rompió por completo su concentración hasta el punto de hacerlo caer de culo contra el suelo duro del coliseo.


Eso dolía. Aunque más le dolía el orgullo porque eso le pasaba por metijoso. ¿Quién le mandaba a él comprobar si los ciervos percibían las letras como el resto de humanos? La curiosidad, de nuevo, había matado al gato.


Shura se acercó a él, lo supo porque percibió su cercanía pues sus ojos aún estaban cerrados por el malestar en su rabadilla. Ahora comprendía porque Shaka decíavercon los ojos cerrados. No veía, percibía, que era diferente. Otra cosa en la que erraba el semi Dios.


- ¿Estás bien?


Asintió aún sin hablar y de apoco se acomodó sobre la arena. Tomó aire y se centró en cualquier otra cosa que no fuera su orgullo herido.


- ¿Seguro?


Ambas miradas se buscaron. Mü creyó recordar que era la primera vez que exponía sus ilusiones fuera de Jamir y, a decir verdad, sentía cierta vergüenza por ello. Asintió apartando la mirada.


- Eso... - Shura parecía querer hablar aunque no estaba muy convenido de hacerlo- El bosque, ¿era una ilusión?


Asintió de nuevo y sintió calor en el rostro.


- A estas horas, el coliseo es un buen lugar para entrenar.

Ahora fue el turno de Shura de asentir. El silencio les acompañó durante unos minutos.


Minutos en los que Shura se debatía entre elogiar el trabajo tan complejo del menor o condenar la intromisión del cervatillo en su espacio vital.


Unas risas, cercanas a la entrada del coliseo, se escucharon consiguiendo que ambos miraran en esa dirección.


- Mañana, ¿volverás? - Mü miró sorprendido a Shura - Es más propicio para la lectura ese entorno.


- Sí, claro - se animó el tibetano de inmediato. - Puedo hacer cualquier paisaje que propongas - sólo de pensar en los retos que le pediría el mayor, sintió cierta emoción.


- Ya... Pues... - asintió el español mientras los aprendices entraban ya al coliseo. Comenzó a dirigiese a la puerta - Nos vemos mañana.


- Hasta mañana - respondió Mü mientras se mordía el labio inferior.


Quizá después de todo, si tuviera que agradecer a Shaka por no haberse presentado.


EXCALIBUR (DESPUÉS)

A tan sólo 20 horas de distancia de la boda, Shion estaba desesperado.


Daba vueltas por la sala patriarcal como León enjaulado; los puños cerrados y despotricando en una verborrea teñida de palabras en tibetano y muviano antiguo. No era para menos pues sólo les faltaba un detalle para irse a sus preciadas vacaciones maritales y esedetalleno aparecía por ninguna parte.


- Tranquilo Shion - la serenidad de Dhoko provocó un incremento en el enojo del patriarca. - Mü es muchacho responsable, si no está aquí, seguro es por una buena razón.


- ¡Seguro! - aseveró la voz el antiguo caballero de aries - Por eso mismo, ninguno en este santuario sabe nada de él.


Dhoko suspiró. Sabia que en ese estado, no había más que esperar a que se le bajarán los humos.


Sin embargo, el patriarca no mentía. Ninguno sabía dónde estaba Mü; ninguno de todos aquellos a los que había preguntado.


Más abajo, en el templo de capricornio, Shura se encontraba en la pequeña cocina, degustando tranquilamente unas piezas de fruta cuando un bien vestido Afrodita se apoderaba del silencio de la estancia.


- Shion está enfadado - habló sereno el sueco. Sin pedir permiso, tomó asiento frente al español y picoteo del almuerzo de éste - Se ve quesu maridono ha sabido complacerle o algo - soltó una risilla que acompañó a sus palabras.


Shura, se encargó de mirar al sueco, comer un poco más de manzana y dar espacio a que el doceavo guardian siguiera hablando.


- Se ve que tenían que irse de vacaciones y está esperando no sé qué o... no sé quién para poder irse - siguió con su soliloquio mientras se adueñaba de otro pedazo de fruta.


El español asintió y señaló el pequeño bancal de la cocina.


- Ahí hay más fruta.


El sueco miró en la dirección señalada pero omitió olímpicamente al dueño del templo. Otro pedazo de fruta para él. Shura rodó los ojos, resultaba molesto pero con el sueco, siempre era así.


Afrodita, después de degustar ese último bocado, buscó la mirada del español y se lanzó a soltar aquello que las plantas habían chismerreado en la tarde.


- Busca al borrego - trató de tomar otro pedazo del cuenco pero Shura lo evitó está vez retirando hábilmente éste. Sin embargo, su mirada confirmó lo que el pequeño brote de jazmín había susurrado - Nadie lo ha visto.


Shura se vio obligado a asentir pero la breve tensión en su mandíbula fue suficiente para que el sueco supiera todo. Éste quiso indagar más, que el español le confesara los chismes sucios pero el ambiente se rompió cuando el grito mental del patriarca invadió el santuario entero.

«Mü de aries,o te presentas aquí de inmediato o juro que habrá represalias»


Los ojos del sueco parecían un poema. Shura tembló al percibir el enojo. Unos pasos casi a la carrera se escucharon en el templo, procedentes de la parte íntima del mismo. Mü hizo su entrada triunfal, aún colocándose la prenda superior y alcanzado al guardián de capricornio en un beso fugaz pero efusivo.


- Te veo luego - fueron sus últimas palabras antes de salir a la carrera.


Sin embargo, Shura lo detuvo con un llamado, le lanzó una de las manzanas de la repisa y éste volteó para tomarla al vuelo.


- Coge fuerzas.


Las palabras del español no fueron de lo más oportunas pero ese color carmín en el rostro del carnero dorado provocó una sonrisa enorme en su rostro. Decidido, siguió con su desayuno, omitiendo al sueco, que había presenciado todo.


- Vaya... - la sonrisa de Shura se borró pues al ver a Mü olvidó por completo con quién estaba: el chismoso del santuario - Parece que cierta cabrita se ha beneficiado al carnero.


- Filip - reprochó el español.
- Paco - sonrió el sueco.


El español negó.

No había caso.


Afrodita no se iba a mover de ahí hasta que le soltara lo ocurrido. Y acto que confirmó sus sospechas, fue que el sueco se levantó, accedió al pequeño refrigerador y extrajo de ahí una de sus cervezas, la abrió y se volvió a acomodar.


- ¿Me cuentas o esperamos a Danilo? - dio un sorbo a su bebida y Shura, se llevó otro pedazo de fruta a la boca.


Dejó el cuenco a un lado, tomó una copa, se sirvió vino y bebió de ella. Lo que restaba de tarde pintaba largo.


~~~~~~


- Sí, patriarca.


Mü no atinaba a asimilar toda la información que le estaba dando su maestro. Y no porque no fuera sencilla sino porque se la estaba dando a la carrera, atropellando sus mismas palabras y dando un sinfín de rodeos para llevar a ningún punto concreto.


- ¿Ha quedado claro? - acotó Shion al fin.


Miró el montón de papeles que había depositado en sus manos y atinó a contestar.


- Sí, patriarca.


- Bien, ahora antes de irnos - la voz, al fin, salió pausada y calmada aunque su rostro... Mü tragó saliva, ya conocía esa mirada - ¿Se puede saber dónde estabas, jovencito?


Y ahí estaba, sintiéndose otra vez un niño regañado. Pero no había hecho nada malo. Bueno, indecoroso e indecente sí pero nada malo. No. Nada malo. Sus mejillas y orejas las sintió arder; y aunque trato de evitarlo, una sonrisa pobló su rostro.


- ¿Y bien? - el patriarca le regresó a la tierra


- Shion... - el viejo maestro tomó al patriarca de la muñeca - si no nos vamos, no tomaremos el avión.


La mirada de Mü se encontró con la de Dhoko y agradeció a los dioses que éste interviniera. El viejo maestro ladeó una sonrisa, de esas que sólo mostraba cuando iba a decir o hacer alguna travesura. Mü tembló en su lugar.


- Vamos Shion - soltó el agarre pero aseguró que éste le mirara - A su edad, ya habíamos destrozado más de un catre.


- ¡Dohko! - la voz al unísono de ambos lemurianos causó tremenda carcajada.


- Anda vamos - tiró del patriarca y le guiño un ojo al menor - Ignora al regruñón, sólo sigue lo que pone ahí y sé tu mismo, lo harás bien.


Mü asintió.


- Diviértanse - dijo antes de verlos marchar. Tomó aire y se dejó caer en el pequeño asiento de la estancia. Grato error pues el trasero aún le escocia. Se levantó tan ávido cómo se sentó.


Después, miró la cantidad de papeles y suspiró. Acababan de dejar el santuario en sus manos.


FIN

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