Alergia

Afrodita comienza a sentirse, cada vez más enfermo. Sin embargo, y aún a pesar de la preocupación de sus amigos, decide omitir dicho malestar y contnuar con sus labores como caballero de Atenea. 


¿Logrará realizar con bien sus tareas o será mayor la enfermedad?

- ¿Dónde está Afrodita?


Justo cuando el actual Patriarca preguntó por el último guardián de la orden, este apareció por la puerta del salón. El silencio reinó en dónde todos los dorados estaban reunidos mientras Afrodita ocupaba su lugar. Percibió todas las miradas sobre él y por primera vez en su vida, se sintió incómodo.


- Lamento la demora, Excelencia.


Desde hacía unas semanas, sentía la garganta inflamada, escozor de ojos y hasta cierta congestión nasal. Conforme avanzaba la reunión, comenzó a recuperar su buena forma, incluso parecía que la congestión había desaparecido. Pestañeó un par de veces y comprobó gustoso que ya no le escocían, cosa que le hizo sonreír, ante el asombro del Patriarca, que sí había observado el gesto.


- A juzgar por tu sonrisa, Afrodita de Piscis, bien parece que no estás escuchando… - Reprochó el Patriarca - O ¿he de suponer que te resulta graciosa la medida propuesta?


La pregunta le hizo regresar de golpe y porrazo al asunto serio que estaban tratando. Arrugó la nariz y negó ante la mirada imponente de los presentes.


- Me parece una medida excelente, su Señoría.


Un suspiro del Patriarca bastó para que volviera su completa atención a los asuntos que aún quedaban por tratar hasta que terminara la sesión, unas largas horas después.


- Con esto, quedan repartidas las tareas para lo que queda de semana. Espero que podamos avanzar lo suficiente como para zanjar estos asuntos el domingo entrante. Podéis retiraros. – Los caballeros comenzaron a levantarse tras una venia – Excepto tú, caballero de Piscis; desearía hablar contigo.


Afrodita suspiró y aposentó su trasero de nuevo en la silla que tenía asignada. Death Mask compartió su pesar dándole una palmadita en el hombro y sonriendo de manera ladina. Shura, por su parte, asintió instándole a guardar la compostura. Respondió al gesto con un movimiento de cabeza y una sonrisa.


A veces pensaba que no merecía tenerlos como amigos. La sonrisa se le borró cuando se quedó a solas con el actual Patriarca. El silencio reinó en la sala unos minutos hasta que el mayor tomó la palabra.


- No he pedido que te quedes para admirarnos mutuamente, Afrodita. Habla para que podamos retomar nuestros quehaceres.


- Con todos mis respetos, su Excelencia, ha sido usted quién ha mandado que me quede. – Arqueó una ceja – Desconozco el motivo de tal acto.


- ¡Afrodita!– Reprochó el Patriarca, que para ese momento ya tenía la venita de la sien hinchada. El nombrado rodó los ojos y le miró de manera serena.


- Ya pedí perdón por la demora, su Santidad, no sé qué más espera que haga o diga…


El Patriarca tomó aire y llevó la mano derecha al puente de la nariz, frotando este con la intención de serenarse. Cuando lo hubo conseguido mínimamente, miró al caballero dorado de Piscis y retomó lacharla.


- Aunque es la primera vez que llegas tarde al consenso, no es la primera este mes que te ausentas de tus labores. Bien me consta que ni siquiera estás acudiendo al entrenamiento junto a tus camaradas.


- Soy ve….– Afrodita no pudo proseguir con su explicación pues fue cortado por su superior.


- ¡No me vengas con esas, Afrodita! – Alterado de nuevo, se levantó del asiento – Eso nunca te importó a la hora de relacionarte con tus compañeros ni mucho menos de entrenar. Es más, hasta el mes pasado, eras el primero en acudir al coliseo. – Se quedó mirando por la ventana y llevó las manos a la espalda, dando un par de pasos en esa posición. Tomó aire y volteó a mirar a su subordinado, ahora sí, hablando de manera serena. - ¿Me dirás qué sucede o tendré que suspenderte?


Afrodita tamborileó los dedos sobre la mesa de roble macizo y desvió la mirada pensando en si debía o no hablar de lo que le sucedía últimamente. Se rindió tras un par de minutos de lucha interna entre el orgullo y el deber y acabó hablando pero sin mirar al Patriarca.


- No me he sentido bien últimamente. – Arrugó un poco la nariz al tiempo que se ladeaba la comisura de su labio - Desde hace unas semanas me siento congestionado pero aunque he tomado todos los remedios conocidos, no consigo sentirme mejor. – Afrodita era reservado pero una vez se soltaba, tenía cuerda para rato.


Death Mask se quejaba de su verborrea en más de una ocasión y hasta Shura, amablemente, le pedía que se callara las pocas ocasiones en las que su paciencia llegaba al límite.


– Tanto así que no descanso en las noches y por el día es peor, sobretodo mientras cuido a mis pequeñas o retomo mis quehaceres en el templo tras un tiempo fuera. – Hablaba cada cosa que pensaba, como si así pudiera procesarlo mejor. A esas alturas, el Patriarca se había vuelto a sentar para escucharle con mayor detenimiento – Es extraño porque estando en la reunión, cuando sonreí era porque me noté descongestionado y hasta se me había pasado el escozor de ojos. – Afrodita miró por la ventana – Quizá sea por la altura… aunque no hay tanta diferencia con el templo de Piscis. – Calló un segundo, que aprovechó el mayor para retomar el rumbo de la conversación.


- ¿Sólo te ocurre cuando pasas tiempo en el templo? – Afrodita asintió, por lo que el Patriarca aprovechó para seguir preguntando - ¿Porqué llegaste tarde a la reunión? No es propio de ti.


Su orgullo como caballero estaba herido por lo sucedido pero sabía no tenía más opción que confesar. Apartó la mirada y habló tras el silencio del mayor


- Como dije, hace un par de semanas que no descanso apropiadamente y esta mañana,tras tomar el desayuno, retomé los reportes y…. – Ladeó la cabeza pensando en si sería conveniente o no, aunque sabía erademasiado tarde para callar. – me dormí.


- Me alegra saber que los reportes te hacen dormir, Afrodita de Piscis – El patriarca resopló y negó antes de proseguir – Aun así, no luces como nos tienes acostumbrados por lo que, en la mayor brevedad posible, acudirás a que te vea un médico.


- Pe…


- No hay peros que valgan, Afrodita. Un caballero debe estar en perfecta condiciones para resguardar su templo y tú… no lo estás. Ahora,puedes retirarte directamente a ver al doctor, ¿queda claro o debo ordenarte que lo hagas?


- No, su Excelencia.


Afrodita hizo la típica venia y retomó su camino al médico del Santuario. Por la puerta trasera a dónde el Patriarca se encontraba, salió uno de los caballeros que se acercó al sumo Sacerdote sigilosamente, como siempre hacía.


- Para ser la primera vez que llega tarde, considero que te has excedido con él.


- No he pedido tu opinión, Dohko.


- Indiscutible, al igual que es indiscutible la disculpa que le debes al muchacho, Shion


El ex carnero volteó la cabeza y miró a su camarada para finalmente asentir. Dhoko era su lado racional, aquel que a veces le faltaba. Tomó aire y acortó todo espacio con su cámara, palmeando su hombro.


- Exijo la revancha, Dhoko. Quizá eso me quité el mal sabor que me dejaste esta mañana.


Ambos camaradas sonrieron, ajenos a los pensamientos del último guardián, que ya se encontraba en la puerta del médico residente. ¿Cómo podía algo así darle miedo? Se suponía que ese hombre tras la puerta, conocía todos y cada uno de los historiales de los caballeros, ¿a qué temía entonces? Frotó sus manos, un tanto nervioso y jugó con unos mechones de su cabello ondulado antes de tomar valor. «Has muerto un par de veces, puedes con esto.» se dijo a sí mismo al tiempo que golpeaba levemente la puerta del profesional en medicina.


____

- ¿Qué? –Tanto Shura como Death Mask preguntaron en exacta coordinación. Afrodita frunció el ceño, más que apenado y se encogió en el asiento en donde se encontraba sentado.


- ¿Y ahora qué hago? – Lloriqueó involuntariamente.


El resultado de todas las pruebas que le había realizado el médico, le había dejado no sólo descolocado sino casi desesperado. En cuanto salió de la pequeña cabaña, se dirigió a ver a sus amigos en busca de apoyo moral. Death Mask fue el primero que intentó calmar a Afrodita. Rio levemente y se rascó la nariz, para él todo eso tenía un punto hasta gracioso.


- Ya era hora que pelearas como un hombre – El guardián de Cáncer se encogió de hombros tras la mala mirada que le había echado el décimo guardián y prosiguió - ¿Qué? ¿Acaso veías lógico que un hombre peleara con flores?


- ¡Death, no me ayudas! – Susurró Afrodita antes de esconder la cabeza entre los brazos


- ¿Has hablado con el Patriarca de esto? – Shura aportó un granito más a la montaña que se le estaba haciendo al guardián de Piscis.


Afrodita alzó la cabeza y miró con los ojos muy abiertos a su camarada. El caballero de Cáncer no pudo más que reír al ver el rostro de sus compañeros aunque por dentro, también se encontraba preocupado por la situación. En ese instante, Shion pidió paso por la casa de Capricornio, quizá con la intención de llegar a Libra para conversar con Dhoko.


- Caballeros…- Saludó el recién llegado, que al notar a Afrodita, no pudo pasarla ocasión de acercarse para comprobar su estado – Afrodita, ¿ya hiciste lo que te pedí? – El mentado frunció el ceño y cerró los ojos para asentir con la cabeza – supongo que si estás aquí,tus camaradas ya deben estar al corriente, ¿estoy en lo correcto? –Shura acompañó a Afrodita asintiendo con la cabeza al mismo son. Shion sonrió – Nada grave, supongo…


- Depende del concepto grave.– Death Mask rascó su nariz y miró a Afrodita, que se querí morir ahí mismo, de nuevo. Shion le instó a proseguir y así lo hizo el cuarto guardián. - Yo lo veo como una oportunidad.


- ¿Una oportunidad? – Preguntó el Patriarca un tanto intrigado - ¿Qué sucede?


- Cree que puede ser una alergia – Contó de pronto Afrodita, prefería decirlo de una antes que prolongar el mal trago – … al polen.


- Que contrariedad – Respondió Shion ante lo escuchado, llevando su mano al mentón para pensar en ello – si es así, quizá deba suspender tus actividades como caballero. Que tengan una buena tarde, caballeros. – Pensó en voz alta y continuó su camino sind arle mayor importancia, dejando a Afrodita más hundido si cabía.


- Que bien se lo ha tomado el cabrón – Opinó el caballero de Cáncer.


- ¿Suspender mis actividades como caballero? – Miró preocupado a Shura - ¿Ha querido decir lo que creo que ha dicho? Suspender a un caballero….Eso es…


- Debe haber alguna forma de no tener que suspenderte, al fin y al cabo, la orden sigue necesitando de tus defensas de cara al salón principal.


Pensado y hecho,Shura tomó de la mano a Afrodita y tironeó a Death Mask para que sepusieran en marcha. Irían a ver al doctor juntos con la esperanza de encontrar algún remedio o cualquier cosa para que el último guardián no fuera suspendido de su labor de caballero. Unas horas más tarde, los tres se encontraban en el salón privado de Piscis. Afrodita les servía torpemente un café.


- ¿Seguro que quieres quedarte aquí, Afrodita? – Preguntó un tanto preocupado Shura al ver que el caballero de Piscis no estaba en condiciones.


- Si – Respondió sin más el sueco con una sonrisa boba en el rostro mientras intentaba atinar echando azúcar en la taza. Death Mask,por su parte, sonreía divertido pues era la primera vez que veían a su camarada tan… resuelto.


- Esto va a ser más divertido de lo que pensé – Rió al fin tras hablar y aunque se ganó un codazo por parte del caballero denominado más fiel. - ¿Qué? – Reprochó con una sonrisa ladina - ¿Acaso no es gracioso verle así? ¡Pero míralo!


Shura no pudo evitar sonreír al ver como la mesa se llenaba de azúcar e intentaba llevarse la taza a la boca sin acertar. No quería reírse de su amigo pero la situación le ganó. Carraspeó para intentar conservarla compostura y se acercó hasta Afrodita para retirarle la taza y alzarlo del suelo donde estaba en ese momento.


- Andando a la cama, pequeño. – Afrodita se resistió o lo intentó pues no estaba en su mejor momento.


- No quiero– Protestó – quiero mi café


Death Mask siguió a ese par hasta la habitación del guardián de los peces, eso no selo perdía ni loco, menos ahora que estaba pasándoselo en grande. Se quedó en el marco de la puerta viendo como Shura intentaba desnudara Afrodita mientras recibía manotazos por meter mano donde no debía e incluso algún que otro mordisco.


- ¿Qué no dijo el médico que era un sedante? – Preguntó sujetando confuerza a Afrodita, que luchaba por separarse de sus brazos, incluso con malas artes. - ¡joder cangrejo! ¡Ven aquí y ayúdame!


- ¡Uy que tarde! – El cuarto guardián volteó y se dispuso a marchar -¡Ciao!


Death Mask acababa de plantarle cuando más faena le estaba dando Afrodita. Tomó aire y usando la fuerza retenida, se ubicó sobre el caballero de Piscis para que así se estuviera quieto hasta que el sedante hiciera efecto completo y le dejara dormido. Agotado y media hora después,salió de la estancia asegurando que el sueco estuviera dormido y bien tapado. Soltó el aire al llegar a la cocina, Afrodita sabía como escurrirse, en verdad parecía un pescado. Rió sólo o eso pensó pues Death Mask le tendió una cerveza


- Pensé que habías escurrido el bulto.


- ¿Y dejarte sólo con fiore? Ni en tus más tórridos sueños.


Ambos sonrieron y se sentaron en el sofá para beber en silencio sus rubias. Silencio que fue roto por Shura cuando iban por media cerveza.


- El mes que viene te toca a ti. Es más burro de lo que recordaba. – DeathMask rió de nuevo.


- Más que burro, una anguila por como se escurre el muy cabrón.


Ambos rieron y chocaron las latas. Si así Afrodita podía continuar en la orden, sería un placer lidiar con eso una vez al mes.


A fin de cuentas siempre habían sido tres, sin el menor entre sus filas, se sentiría raro; tanto que no tendría sentido continuar con la batalla.

FIN

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